La décima etapa de la edición Concello a Concello 2026 ha sido una lección de resistencia y patrimonio. Aunque la distancia de 20,8 km pudiera parecer asequible, el relieve ha dictado su propia sentencia: una jornada de cuestas exigentes, pendientes del 25% y un recorrido que sirve de entrenamiento de fuego para los desafíos que están por venir.
La mañana comenzó a las 9:30 horas a los pies del imponente Torreón de los Andrade. Allí, la concejala de Turismo, Ángela Piñeiro, despidió al grupo con un reconocimiento a la labor de la Asociación Amigos del Camino del Mar, haciendo entrega de un presente institucional que refuerza los lazos entre el camino y sus ayuntamientos.
La salida no dio tregua: una ascensión inmediata por la calle Real —joya porticada de la villa— y una posterior subida de casi dos kilómetros hacia Montecelo. Con rampas que alcanzaron el 25% de inclinación, los peregrinos pusieron a prueba sus piernas antes de que el paisaje se abriera en un descenso suave entre campos agrícolas, buscando de nuevo el susurro del mar.
El paso por el puente de Baxoi fue uno de los momentos más evocadores. Este viaducto, que ha visto desfilar a miles de peregrinos desde la Edad Media, cedió el testigo a la expedición actual. Tras el esfuerzo, el grupo alcanzó Miño para una parada estratégica en el bar A Buchaca. Allí, una tapa de cocina tradicional se convirtió en la "mejor barrita energética" posible para encarar la segunda mitad del día.
Antes de abandonar Miño, el grupo se detuvo ante un ejemplar de eucalipto monumental que recordó al famoso "Avó" de Chavín, para después alcanzar el monumento a Fernán Pérez de Andrade, "O Boo". Esta escultura (erigida en 1963 e instalada en su ubicación actual en 1976) guarda la entrada al mítico Ponte do Porco.
Al cruzar el río Lambre por su puente medieval, la expedición dejó atrás Miño para adentrarse en Paderne, iniciando un nuevo ascenso hacia uno de los tesoros románicos del trazado.
La llegada a la iglesia románica de Tiobre dejó una sensación de expectación al grupo. Su historia documentada, su ornamentación y sus lápidas centenarias siguen asombrando.
La nota positiva la puso la iglesia de Nuestra Señora de los Remedios. Con su puerta abierta de par en par, los peregrinos pudieron admirar su interior renacentista del siglo XVI y sellar sus credenciales en un ambiente de recogimiento antes del asalto final a la ciudad.
El descenso final llevó al grupo hasta el cauce del río Mandeo. La entrada a la ciudad no pudo ser más espectacular: cruzando A Ponte Vella para atravesar una de las cinco puertas originales de la antigua muralla. Una última cuesta arriba —el último "regalo" de la etapa— condujo a los caminantes hasta la plaza de los hermanos García Naveira.
A las 16:15 horas, con el bus de regreso esperando y la satisfacción del deber cumplido, la décima etapa se cerró con una foto de grupo que resume el espíritu de este 2026: historia, esfuerzo y un camino que no deja de sorprender.