La segunda etapa del Camino del Mar ha consolidado hoy su esencia: un viaje a través de los siglos donde la documentación histórica cobra vida en cada paso. Tras el primer sellado de credenciales en el Asador del Alba (Barreiros), el grupo inició la marcha a las 9:15 horas con un objetivo claro: recorrer los aproximadamente 19 kilómetros que separan el punto de partida de la Ponte Vella de Fazouro, en Foz.
El epicentro emocional e histórico de la jornada tuvo lugar en la Basílica de San Martiño, un templo que es referencia ineludible de la Mariña Lucense y de la historia de las peregrinaciones en España. Allí, la expedición fue recibida por las autoridades locales: el alcalde de Foz, Francisco Cajoto, y la concejala de Turismo, Kathy Navarro, junto a la guía del templo, Silvia.
Durante el encuentro, Manuel Vicente, presidente de la Asociación Amigos del Camino del Mar, puso en valor la estrecha colaboración del Concello de Foz en la promoción de esta ruta. Por su parte, el alcalde Cajoto animó a los caminantes a profundizar en la riqueza del municipio, mientras que la concejala Navarro dio la bienvenida oficial a un grupo que ejerce ya como embajador de este trazado.
La nota de asombro la puso la guía Silvia, al recordar un dato que define la magnitud del lugar: la Basílica alberga pinturas jacobeas del siglo XII, un tesoro artístico que precede en antigüedad a las que se conservan en la propia Catedral de Santiago de Compostela.
Más allá de la solemnidad institucional, la etapa ha sido un despliegue de hitos documentados que vinculan este territorio con el paso de peregrinos desde hace siglos:
El paso por la Ponte da Espiñeira y la Capilla del Pilar.
El tránsito por la Iglesia de Vilaronte y la Capilla del Carmen.
El ascenso hacia el Bispo Santo y el paso por Marzán.
Tras un breve descanso en la taberna de San Martiño, el grupo continuó su descenso hacia la costa, dejando una de las imágenes del día con la foto de familia en la Playa de Llás.
La jornada concluyó cerca de la Iglesia de Santiago de Fazouro, un punto de gran valor iconográfico. Es allí donde los peregrinos después de cruzar a "ponte Vella" pudieron admirar una piedra que data del siglo XV y que tiene dos caras talladas, una es un cristo y otra un peregrino.