La tercera etapa del Camino del Mar no ha sido solo un ejercicio de resistencia física a lo largo de sus 26 kilómetros, sino un auténtico viaje en el tiempo. Desde la salida en Cervo hasta la llegada a Celeiro, los peregrinos han caminado sobre estratos de historia que se hunden en las raíces mismas de Galicia.
A las 9:00 de la mañana, la Capilla de San Andrés se convirtió en el epicentro de la jornada. Este lugar, que hoy conocemos como capilla, fue en su origen un hospital de peregrinos inaugurado el 8 de enero de 1641.
Bajo la acogida del párroco Óscar Santiago, la alcaldesa de Cervo, Dolores García, y el concejal Adrián Arias, el grupo pudo descubrir los secretos que guardan estos muros. Manuel Vicente, presidente de la asociación, subrayó la importancia de la tabla fundacional que cuelga en la pared —un detalle que suele pasar desapercibido para el visitante común— y las cuatro imágenes originales del retablo: el Padre Eterno, San Sebastián, San Antonio y, por supuesto, San Andrés. Con el sello oficial de la capilla ya en las credenciales, la marcha se inició hacia el oeste.
La expedición alcanzó Xove a las 11:15 horas, cumpliendo el horario previsto. Allí, la concejala de Turismo, Cecilia Duarte, recibió al grupo para proceder a un nuevo sellado y dedicar unas palabras de aliento a los caminantes. Tras un necesario descanso para reponer fuerzas, el Camino del Mar enfiló hacia uno de sus puntos más magnéticos: Portocelo.
En la playa de Portocelo, el alcalde de Xove, Demetrio Salgueiro, se unió a la comitiva para poner en valor el patrimonio local como motor del territorio. La parada en las ruinas de San Tirso fue, sin duda, el momento de mayor calado histórico del día.
Manuel Vicente recordó la relevancia de este enclave:
Origen ancestral: La historia documentada del lugar se remonta al 1200 a.C.
El Monasterio Dúplice: En el siglo VIII, Rodrigo de Coimbra erigió aquí uno de los tres monasterios de monjes y monjas de la zona, cuya actividad está documentada hasta el año 1156.
El ascenso continuó hacia Vilachá, donde el patio de la antigua escuela unitaria sirvió de refugio para un breve descanso antes del último esfuerzo. Finalmente, a las 16:50 horas, el grupo alcanzó el edificio de la Cofradía de Pescadores de Celeiro, dando por concluida una etapa de gran intensidad física y cultural.