La octava etapa del Camino del Mar no ha sido una jornada más; ha sido la culminación de un sueño compartido. Un recorrido de 20,7 kilómetros que nos ha llevado desde la frontera medieval de Porto do Cabo hasta la unión con el Camino Inglés en Neda. Bajo un sol que pasó de ser un aliado fresco a un desafío estival, el grupo de peregrinos completó hoy el trazado histórico que une el Cantábrico con las rías coruñesas.
La mañana arrancó a las 8:45 en la taberna O Porto, un preludio necesario antes de la gran foto de familia sobre el puente medieval de Porto do Cabo. Este enclave, donde el río Mestas divide tierras y une historias de romería, fue el escenario donde el alcalde de Cedeira, Pablo Moreda, dio la salida oficial sellando las credenciales y reafirmando su compromiso con una ruta que recupera la memoria del territorio.
Uno de los momentos más singulares de la etapa tuvo lugar en la Capilla da Fame (Ermita de Liñeiro). Allí, el alcalde de Valdoviño, Alberto González, ejerció de anfitrión excepcional. Gracias a su colaboración, el grupo pudo acceder al interior para admirar una joya habitualmente oculta: su retablo pétreo policromado de estilo renacentista. Como bien señaló Manuel Vicente, presidente de la asociación, fue el momento perfecto para "alimentar el hambre de conocimiento" antes de proseguir hacia el embalse de As Forcadas.
Tras visitar las evocadoras ruinas de la iglesia de San Pedro de Loira (s. XVI), los caminantes hicieron una parada estratégica en el Bar Suizo. Una tapa de ensaladilla —bautizada por el grupo como la "barrita energética" del Camino— fue el combustible necesario para afrontar el aumento de la temperatura y los últimos kilómetros.
A partir del kilómetro 12,6, el Camino se adentró en tierras de Narón, donde la expedición fue recibida por la concejala de Turismo, Natalia Hermida Rico.
El Detalle Simbólico: En un gesto que refuerza la coorganización y el cariño que Narón procesa a esta ruta, la concejala hizo entrega de una concha peregrina a cada miembro del grupo, un amuleto cargado de significado para lo que queda de viaje.
El cruce del puente sobre el Río Grande de Xubia marcó el final de la etapa y, con él, el fin de un ciclo. En Neda, los peregrinos no solo celebraron el fin de la jornada, sino la finalización del tramo propio del Camino del Mar.
Con las botas curtidas y el corazón lleno de anécdotas, el grupo cierra este capítulo. Pero el Camino no se detiene: a partir de ahora, nuestros pasos se funden con el Camino Inglés, con la mirada puesta, más que nunca, en la Catedral de Santiago de Compostela.