La undécima etapa de nuestra peregrinación (25,7 kilómetros) ha sido una de las más gratificantes y alegres de esta edición. A medida que nos acercamos a la meta definitiva, el cansancio acumulado se transforma en entusiasmo. La jornada de hoy nos llevó desde la capital del gótico gallego, Betanzos, hasta las míticas e históricas tierras altas de Bruma.
A las 9:25 de la mañana, la plaza Hermanos García Naveira bullía de actividad. Tras la tradicional foto de grupo bajo el modernista Quiosco de la Música, la expedición se puso en marcha a las 9:36 horas.
Apenas un kilómetro después de arrancar, cruzamos el río Mendo por el viejo puente de As Cascas. Este viaducto, documentado ya en el año 1200, fue históricamente la principal vía de entrada y salida de Betanzos hacia el interior y escenario de batallas contra los franceses. Nada más cruzarlo, nos recibió una empinada cuesta que sirvió para calentar las piernas y marcar un buen ritmo de marcha, esquivando una amenaza de lluvia que finalmente nunca llegó a materializarse.
El Camino, que hoy alternó tramos de tierra con largas distancias de asfalto, nos permitió cruzarnos con otros peregrinos en una ruta cada vez más concurrida. Tras una breve parada contemplativa en la iglesia de San Esteban de Cos, el grupo cumplió el horario previsto llegando a las 12:20 horas (kilómetro 12,7) al emblemático "Mesón-Museo Xente no Camiño", un lugar único decorado con motivos jacobeos donde repusimos fuerzas con unos bocadillos de beicon y queso durante una merecida pausa.
La segunda gran parada del día nos llevó a Casa Avelina, en Carral. Este bar es un auténtico santuario del Camino de Santiago, famoso por la hospitalidad de las dos hermanas que lo regentan. Como ya es tradición, nos mimaron con un generoso obsequio de choricitos, queso artesano, pan y galletas. Tras la foto de rigor, aprovechamos su invitación para visitar la cercana Capilla de San Roque de As Travesas, un hito histórico donde los antiguos peregrinos se desviaban para pedir protección.
La etapa concluyó a las 16:55 horas en un lugar cargado de un magnetismo histórico extraordinario: el albergue público del Hospital de Bruma (Mesía).
El apunte histórico: Aunque hoy vemos un moderno albergue, estamos pisando los cimientos del antiguo hospital de peregrinos fundado en el siglo XII (hacia 1140). Durante la Edad Media, este remoto lugar era un oasis de salvación en medio del frío y los lobos para los caminantes que venían de los puertos del norte.
Con el sellado final de las credenciales en Bruma, el grupo regresó en autobús a Betanzos. Ha sido una jornada fantástica, marcada por las pendientes superadas y, sobre todo, por la inmensa alegría de saber que ya estamos a las puertas de la penúltima etapa.
¡Próxima parada del domingo: Bruma - Sigüeiro! Santiago ya casi se puede sentir.